La pasada sequía nos dejó varias consecuencias y enseñanzas. En la crisis, el objetivo tiene que estar bien definido y firme. En los momentos difíciles hay que saber bien cuáles son los aspectos importantes a priorizar, pero hay que tener la flexibilidad necesaria para adaptarse a cada circunstancia.
Es preferible salvar algo, que perder todo. Disminuir el stock de semovientes hasta un volumen adecuado a las posibilidades nutricionales del sistema productivo. Más vale regular la mitad, que todo mal. No es conveniente disminuir los aspectos sanitarios a pesar de las dificultades. El impacto de la pérdida en sanidad es mucho mayor que el ahorro económico que significa estos insumos.
En el sistema CREA, los ganaderos según los archivos que tienen sobre carpetas de predios de GIPROCAR (Grupo Intensivo de Productores de Carne de FUCREA), con da tos últimos de costos relativos y absolutos de sanidad por hectárea, realizan una evaluación de que el gasto en sanidad significaba de 3 a 5 dólares por hectárea en los tres últimos ejercicios. La sanidad es en forma relativa, por lejos el menor porcentaje de los insumos totales del establecimiento. Por lo que no se justifica bajo ningún concepto, anular o suprimir cualquier gasto en sanidad.
La aparición de brote de clostridiosis con muertes de animales puede significar hasta un 20% del valor total de los semovientes. Los parásitos (externos o internos), tienen acciones deletéreas de forma crónica que pueden significar en circunstancias más de un 30% de Kg. de carne.
Las pérdidas de eficiencia reproductiva por la acción de sólo una enfermedad como vibriosis, puede significar una disminución de entre el 15 a 20% de terneros no nacidos. Lo mismo sucede con enfermedades zoonóticas como la rabia, carbunclo o leptospirosis, pero además la pérdida de un ser humano no tiene precio en ningún sistema.